No existe un único tratamiento que sea eficaz para todos los trastornos alimentarios. Por el contrario, el tratamiento se adapta a cada persona. A menudo, el tratamiento incluye terapia psicológica y, en ocasiones, medicamentos. Algunas personas recurren a ambas opciones. El tratamiento también puede implicar la colaboración con un médico.
Terapia cognitivo-conductual. Esta terapia puede ayudar a una persona que padece un trastorno alimentario a cambiar su forma de pensar sobre la comida y la percepción que tiene de su cuerpo. Además, puede ayudarla a gestionar los sentimientos o las situaciones que puedan haber desencadenado su trastorno alimentario. En ocasiones, los familiares participan en la terapia para aprender cómo apoyar la recuperación de la persona.
Asesoramiento nutricional. Un dietista puede ayudar a una persona a recuperar y mantener un peso saludable para ella. Además, la persona aprende hábitos alimenticios saludables.
Medicamentos. Los más habituales son los antidepresivos. Pueden ayudar a reducir los episodios de atracones y purgas. También pueden ayudar con otras afecciones, como la ansiedad y la depresión. Las personas con trastorno alimentario compulsivo pueden necesitar en ocasiones inhibidores del apetito para ayudar a controlar su afección.
Otros tratamientos médicos. Los médicos tratarán los problemas médicos derivados de un trastorno alimentario, como los problemas cardíacos o la depresión.
Superar un trastorno alimentario puede llevar mucho tiempo. Muchas personas tienen altibajos. Intente considerar el tratamiento como un proceso continuo.
Si cree que tiene un trastorno alimentario, obtenga ayuda. Algunos trastornos alimentarios, como la anorexia, deben tratarse en un hospital o en una clínica de corta estancia. Si no se tratan, los trastornos alimentarios pueden provocar graves problemas de salud. El tratamiento puede ayudarle a sentirse mejor y a llevar una vida más saludable.