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Aprenda sobre los trastornos alimentarios graves y persistentes

¿Qué es un trastorno alimentario grave y persistente?

Un trastorno alimentario grave y persistente es un trastorno alimentario que se prolonga durante mucho tiempo. Esto puede ocurrir a pesar de los múltiples intentos (normalmente tres o más) de tratarlo.

Los trastornos alimentarios provocan que algunas personas tengan pensamientos y comportamientos poco saludables en relación con la comida y su imagen corporal.

¿Cuáles son los tipos?

Los trastornos alimentarios más comunes que pueden derivar en un trastorno alimentario grave y persistente incluyen:

  • Anorexia. Las personas con anorexia restringen drásticamente la ingesta calórica hasta el punto de llegar a la inanición. Están obsesionadas con estar delgadas y tienen una imagen corporal distorsionada y poco saludable. Pueden negarse a comer por completo. También pueden comer solo cantidades mínimas de alimentos con pocas calorías, o limitarse a consumir un tipo concreto de alimento. Las personas con anorexia están muy delgadas. Pero piensan que tienen sobrepeso.
  • Bulimia. Las personas con bulimia consumen grandes cantidades de comida de forma compulsiva. A continuación, pueden provocarse vómitos. También pueden hacer ejercicio en exceso. O pueden tomar laxantes para ayudar al cuerpo a eliminar las calorías que han ingerido. Continúan este ciclo de atracones y purgas. Asimismo, pueden restringir la ingesta de alimentos entre un atracón y otro. Las personas con bulimia no siempre están muy delgadas. De hecho, a menudo pueden tener un peso saludable.
  • Trastorno alimentario compulsivo. También se conoce como "alimentación compulsiva". Las personas que padecen este trastorno ingieren grandes cantidades de comida sin recurrir a prácticas purgativas. A menudo comen en exceso a pesar de sentirse saciadas. Pueden sentir culpa o vergüenza tras un atracón. Posteriormente, pueden someterse a una dieta extrema. Las personas que comen de esta manera pueden tener un peso saludable, sobrepeso u obesidad.

Los trastornos alimentarios graves y persistentes pueden afectar del 20% al 25% de las personas que tienen anorexia y al 10% de las que tienen bulimia.

Otros trastornos alimentarios no encajan en estas categorías. A menudo se agrupan bajo la denominación de "trastornos alimentarios no especificados".

¿Cuáles son los síntomas?

Los síntomas de los trastornos alimentarios graves y persistentes dependen del tipo de trastorno alimentario que tenga la persona. A continuación se enumeran algunos síntomas comunes según el tipo de trastorno alimentario.

Las personas que tienen anorexia pueden:

  • Tener un peso corporal muy bajo para su edad, estatura y sexo.
  • Tener mucho miedo a subir de peso.
  • Tener una percepción negativa y errónea de su aspecto físico.
  • Limitar estrictamente la cantidad de comida que ingieren.

Las personas que tienen bulimia pueden:

  • Ingerir una gran cantidad de comida en poco tiempo (lo que se conoce como "atracones") de forma habitual, a menudo en un par de horas o menos.
  • Sentirse fuera de control y como si no pudieran dejar de comer durante un atracón.
  • Tomar medidas para evitar el aumento de peso. Pueden provocarse vómitos o abusar de laxantes, enemas, diuréticos u otros medicamentos para eliminar (purgar) los alimentos. También pueden hacer ejercicio de forma muy intensa o durante mucho tiempo, o abstenerse de comer (ayunar).
  • Basar en gran medida la percepción que tienen de sí mismos en su peso.

Las personas con trastorno alimentario compulsivo pueden:

  • Ingerir una gran cantidad de comida en poco tiempo, a menudo en un par de horas o menos, de forma habitual.
  • Sentir que no pueden dejar de comer y comer tanto que se sienten terriblemente llenos.
  • Ingerir una gran cantidad de comida y subir de peso.
  • Sentirse infelices, angustiados, culpables o deprimidos tras un atracón.
  • Comer a solas porque les da vergüenza la cantidad de comida que ingieren.

¿Cómo se tratan?

No existe un único tratamiento que sea eficaz para todos los trastornos alimentarios. Por el contrario, el tratamiento se adapta a cada persona. A menudo, el tratamiento incluye terapia psicológica y, en ocasiones, medicamentos. Algunas personas recurren a ambas opciones. El tratamiento también puede implicar la colaboración con un médico.

Terapia cognitivo-conductual. Esta terapia puede ayudar a una persona que padece un trastorno alimentario a cambiar su forma de pensar sobre la comida y la percepción que tiene de su cuerpo. Además, puede ayudarla a gestionar los sentimientos o las situaciones que puedan haber desencadenado su trastorno alimentario. En ocasiones, los familiares participan en la terapia para aprender cómo apoyar la recuperación de la persona.

Asesoramiento nutricional. Un dietista puede ayudar a una persona a recuperar y mantener un peso saludable para ella. Además, la persona aprende hábitos alimenticios saludables.

Medicamentos. Los más habituales son los antidepresivos. Pueden ayudar a reducir los episodios de atracones y purgas. También pueden ayudar con otras afecciones, como la ansiedad y la depresión. Las personas con trastorno alimentario compulsivo pueden necesitar en ocasiones inhibidores del apetito para ayudar a controlar su afección.

Otros tratamientos médicos. Los médicos tratarán los problemas médicos derivados de un trastorno alimentario, como los problemas cardíacos o la depresión.

Superar un trastorno alimentario puede llevar mucho tiempo. Muchas personas tienen altibajos. Intente considerar el tratamiento como un proceso continuo.

Si cree que tiene un trastorno alimentario, obtenga ayuda. Algunos trastornos alimentarios, como la anorexia, deben tratarse en un hospital o en una clínica de corta estancia. Si no se tratan, los trastornos alimentarios pueden provocar graves problemas de salud. El tratamiento puede ayudarle a sentirse mejor y a llevar una vida más saludable.

¿Cómo se pueden prevenir?

Los expertos no comprenden del todo cuáles son las causas de los trastornos alimentarios. La presión social para alcanzar una determinada figura y un peso ideales puede influir. Otras causas pueden ser el estrés personal y, posiblemente, ciertos rasgos de la personalidad. Se pueden tomar medidas para ayudar a prevenir los trastornos alimentarios, tanto antes de que aparezcan los primeros síntomas como en las primeras fases de la enfermedad.

Los programas pueden enseñar a niños y adultos hábitos alimenticios saludables y a mantener un peso corporal adecuado. También es útil comprender que las presiones sociales en torno al peso corporal son poco realistas. Los padres de niños pequeños y adolescentes deberían estar al tanto del uso que hacen sus hijos de las redes sociales. Además, los padres pueden hablar con sus hijos sobre los mensajes que transmiten los sitios web y las aplicaciones en relación con la imagen corporal. Esto puede ayudar a fomentar una imagen corporal más saludable y podría prevenir los trastornos alimentarios.

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